Destruyendo Shangrila





Estoy lleno de infierno,
estoy lleno y condenado con todos los pecados capitales
humano con todas las imperfecciones.
Llegué desde Edén , 
desde el gueto y los barrios bajos,
Lo intenté, creí ser ángel en lugar de demonio
pero todos los espejos acababan por devolverme a la realidad,
era mi destino.
Y volaba, de nuevo en círculos sobre mi propia locura,
caía y me  retorcía en muecas de mi propia existencia,
mi cuerpo deforme y sin sentido, 
esquivaba cualquier intento de serenidad.
Mientras , jueces de caras distorsionadas,
dictaban sentencia a mi alma, 
culpable y desheredado de mis blancas alas,
condenado a errar, con los pies estigmatizados 
y las manos clavadas a un madero.
Mi mundo eran exoplanetas,
mi universo eran las voces de miles de gritos
que atacaban mis oídos  y ensordecían mi mente con lamentos.
Llegué a Shangrila con los ojos rojos, 
con la espalda goteando sangre,
 las manos clavadas en maderos.
y el alma diseccionada.
No quedaba más que mis ojos encharcados en barro
y las turbias visiones de la injusticia,
no quedaba más que una luz olvidada
y los deseos de volver a ningún sitio.

Perdóname padre porque no se lo que estoy haciendo, 
me enseñaste a caminar entre estrellas,
a beber del néctar de la vida,
y a volar cerca de dios,
y sin embargo he caído sin poder levantarme.
he sido humano dentro del paraíso,
he vendido mi alma por unos labios,
he jugado a las cartas mi destino
y bebido la sangre de mis hermanos.

Pagano y mundano,
desterrado de la vida eterna,
y observando como las llamas devoran Shangrila,
con una sonrisa en mi cara.